[ES] La Historia de Roby
Mi historia de leche compartida empieza con el parto natural de mi hijo, Roby. Yo sospeché que quizá no iba a tener suficiente leche para él (nunca producí suficiente leche para mi primer bebé), pero tuve un parto natural para aumentar la posibilidad de éxito en amamantar. Él se agarró del pecho inmediatamente después de nacer, y fue amamantado cuando deseaba de ese tiempo en adelante.
Después de cinco semanas, estuvo claro de que no estaba aumentando de peso bien. Supe que tenía que suplirle el alimento con algo, pero como no fue mi primera vez con este problema, también sabía que tenia que darle todo el suplemento a través del seno. No iba a arriesgar perder la relación de amamantar usando biberones o dando alimentos con el dedo. Usé un Lact-Aid al principio, y funcionó por un par de semanas, pero entonces mi hijo se puso muy frustrado con él, se le hizo muy difícil chupar la leche de este instrumento, así que entonces cambié al suplidor llamado Medela SNS que tiene un flujo de suplemento más rápido.
Tuve que aprender como usar el aparato por experiencia. ¡NO fue fácil! Al principio, sentí que necesitaba más de dos manos para manejarlo, pero pronto había aprendido en qué orden hacer las cosas para que el uso del SNS era un procedimiento metódico y tranquilo. Al principio, lo llené con fórmula, porque había hecho la paz con esta casi cierta eventualidad antes de darle luz a mi hijo. Pero entonces algo increíble pasó. Descubrí, a través de una amiga mía, una red de leche compartida con un nombre raro. (El nombre se cambió desde ese entonces a "Lactancia Solidaria" -- el cambio de nombre ocurrió en los meses mientras la estuve usando). Decidí poner mi solicitud de leche materna a la red y al pasar solo unas horas, una doula local se comunicó conmigo y ¡me puso en contacto con tres distintas donantes de leche materna! Estaba estupefacta con agradecimiento, alivio, y alegría.
Contacté las donantes, y me encargé de recoger la leche. También encontré otra donante en un estado vecino (también a través de la red LaSo) que terminó donándome galones de leche materna para mi hijito. Le di de comer a mi hijo toda esta leche con la SNS (y mis senos, por supuesto), y así preservé la relación de amamantar que había añorado con mi primer bebé pero que tristemente nunca pude disfrutar.
Milagrosamente, después de cinco meses de suplir al seno, mi hijo rechasó el SNS, simplemente rehusó amamantar con el SNS puesto, pero todavía quería amamantar. ¡No podía creerlo! Estaba preocupada al principio, porque él no tomaba biberones, y ¡todo su alimento venía sólo de mí! ¡Pero, menos mal, no perdía peso! Estaba aumentando poquito a poco, y era ya suficientemente grande que podía empezar a darle un poco de comida sólida (en puré). Así que lo hice, y entre eso y dándole el pecho cuando me lo pedía, él llegó al cuadragésimo quinto (45) percentil en peso a los diez meses. No es el bebé más gordo que he conocido, pero le va bastante bien. Le encanta amamantar y viene hacia mí para consuelo y leche. Para mí, es un sueño hecho realidad, y no hubiera pasado sin el trabajo duro y frustración de usar el SNS por tantos meses. Sí que valió la pena, cada momento de esfuerzo.
Siempre estaré eternamente agradecida a las donantes que me animaron y apoyaron durante esos arduos primeros meses con sus obsequios desinteresados de leche para ayudarme nutrir a mi hijo.
Pero la historia no termina ahí... Reciéntemente otro milagro ocurrió: doné 46 onzas de mi propia leche materna a otra madre necesitada, para su hijo de cuatro meses, a través de la red LaSo. "Pagándolo para adelante" es muy gratificante. Si estás leyendo esto como destinaria, espero que esta historia te dé esperanza de que algún día no sólo podrás nutrir tu bebé completamente con tus propios senos y tu propia leche, pero que también podrás ayudar a otro bebé necesitado con tu leche. A mí me pasó.
Ahora, Roby tiene veintidos meses, es muy enérgico, saludable, alcanzando todos sus hitos, come bien y todavía amamanta.
Tuve que aprender como usar el aparato por experiencia. ¡NO fue fácil! Al principio, sentí que necesitaba más de dos manos para manejarlo, pero pronto había aprendido en qué orden hacer las cosas para que el uso del SNS era un procedimiento metódico y tranquilo. Al principio, lo llené con fórmula, porque había hecho la paz con esta casi cierta eventualidad antes de darle luz a mi hijo. Pero entonces algo increíble pasó. Descubrí, a través de una amiga mía, una red de leche compartida con un nombre raro. (El nombre se cambió desde ese entonces a "Lactancia Solidaria" -- el cambio de nombre ocurrió en los meses mientras la estuve usando). Decidí poner mi solicitud de leche materna a la red y al pasar solo unas horas, una doula local se comunicó conmigo y ¡me puso en contacto con tres distintas donantes de leche materna! Estaba estupefacta con agradecimiento, alivio, y alegría.
Contacté las donantes, y me encargé de recoger la leche. También encontré otra donante en un estado vecino (también a través de la red LaSo) que terminó donándome galones de leche materna para mi hijito. Le di de comer a mi hijo toda esta leche con la SNS (y mis senos, por supuesto), y así preservé la relación de amamantar que había añorado con mi primer bebé pero que tristemente nunca pude disfrutar.
Milagrosamente, después de cinco meses de suplir al seno, mi hijo rechasó el SNS, simplemente rehusó amamantar con el SNS puesto, pero todavía quería amamantar. ¡No podía creerlo! Estaba preocupada al principio, porque él no tomaba biberones, y ¡todo su alimento venía sólo de mí! ¡Pero, menos mal, no perdía peso! Estaba aumentando poquito a poco, y era ya suficientemente grande que podía empezar a darle un poco de comida sólida (en puré). Así que lo hice, y entre eso y dándole el pecho cuando me lo pedía, él llegó al cuadragésimo quinto (45) percentil en peso a los diez meses. No es el bebé más gordo que he conocido, pero le va bastante bien. Le encanta amamantar y viene hacia mí para consuelo y leche. Para mí, es un sueño hecho realidad, y no hubiera pasado sin el trabajo duro y frustración de usar el SNS por tantos meses. Sí que valió la pena, cada momento de esfuerzo.
Siempre estaré eternamente agradecida a las donantes que me animaron y apoyaron durante esos arduos primeros meses con sus obsequios desinteresados de leche para ayudarme nutrir a mi hijo.
Pero la historia no termina ahí... Reciéntemente otro milagro ocurrió: doné 46 onzas de mi propia leche materna a otra madre necesitada, para su hijo de cuatro meses, a través de la red LaSo. "Pagándolo para adelante" es muy gratificante. Si estás leyendo esto como destinaria, espero que esta historia te dé esperanza de que algún día no sólo podrás nutrir tu bebé completamente con tus propios senos y tu propia leche, pero que también podrás ayudar a otro bebé necesitado con tu leche. A mí me pasó.
Ahora, Roby tiene veintidos meses, es muy enérgico, saludable, alcanzando todos sus hitos, come bien y todavía amamanta.